Hiperlaxitud y yoga: por qué la flexibilidad extrema no es maestría, es riesgo

La postura más flexible de una clase de yoga no es siempre la más avanzada. Muchas veces es hipermovilidad articular —laxitud de nacimiento, o adquirida en danza o gimnasia— y felicitarla públicamente empuja a quien la tiene a forzar más una articulación que ya no tiene freno natural, mientras excluye a quien no es flexible por creer que nunca «llegará». Este artículo explica la diferencia entre flexibilidad y conexión fascial, y por qué la segunda es la que de verdad sostiene una práctica de yoga segura.

La flexibilidad extrema no es lo mismo que hipermovilidad

 La flexibilidad que más gusta en redes suele venir de hipermovilidad articular previa —heredada en danza o gimnasia—, no de años de práctica de yoga. Aplaudirla sin matizar es peligroso en las dos direcciones.

 

persona realizando una postura de yoga extrema de extension de columna
kapotasana

 

La foto que más atención se lleva en yoga suele ser la de una voltereta atrás profunda o un split completo. En muchos casos, ese rango no lo dio el yoga: lo trajo la persona consigo, de años de danza o gimnasia, en forma de hipermovilidad articular. No ser claros sobre esta diferencia tiene un coste doble: empuja a los cuerpos hiperlaxos a seguir buscando más rango, porque creen que ahí está el progreso, y empuja a los cuerpos con movilidad normal a sentir que nunca van a «llegar» a algo que, en realidad, no es la meta.

 

Hay ciencia real detrás de este riesgo, no solo intuición de sala. Un estudio publicado en el American Journal of Sports Medicine (Pacey et al., 2010) encontró que la hipermovilidad articular generalizada aumenta el riesgo de lesión en las extremidades inferiores durante la práctica deportiva. Y una revisión sistemática y metaanálisis (2013) mostró que las personas con síndrome de hipermovilidad articular benigna tienen peor propiocepción — es decir, literalmente saben peor dónde está su articulación cuando llega al límite de su rango.

 

Generalized joint hipermobility in adults: A systematic review with metaanalisys.

La asana no es un lugar al que llegar

Presentar la postura como una meta estética —y mostrarla en cuerpos con condiciones físicas fuera de la norma— vende la idea de que «tocarte los pies» tiene un efecto mágico que no tiene.

 

Cuando la asana se enseña como una forma perfecta a la que hay que llegar, y esa forma perfecta la demuestra siempre un cuerpo con condiciones extraordinarias —de nacimiento o de años de otra disciplina—, el mensaje implícito es que el valor está en la forma final. El alumno normal interioriza que el día que consiga tocarse los pies, algo se transformará. La forma no cura nada por sí sola. Perseguirla como si lo hiciera entrena la frustración, no la práctica.

Asana es investigación, no resistencia muscular

Sostener una postura no es lo mismo que aguantarla. Asana es un proceso de conexión corporal, no un ejercicio isométrico disfrazado.

 

Aguantar una postura apretando los dientes no es lo mismo que investigarla. La asana es un proceso para conectar el cuerpo como una unidad — esa conexión, no el músculo aislado, es lo que se entrena postura tras postura. No es un trabajo de tonificación, aunque tonifique. No es un isométrico, aunque desde fuera lo parezca exactamente. Confundir esto es enseñar resistencia muscular y llamarlo yoga.

La postura no se pelea: el papel de la fascia

Cuando el cuerpo consigue distribuir la carga de manera eficaz, una postura puede sentirse sorprendentemente fácil: no porque haya desaparecido la fuerza, sino porque la demanda deja de concentrarse en una sola estructura. Cuando no la hay, la carga se concentra en una articulación aislada — y eso, tarde o temprano, se luxa.

 

Una postura no se empuja ni se tensa en una zona aislada mientras el resto del cuerpo mira para otro lado. Esa es la mecánica que produce lesión. Cuando existe conexión fascial real —el tejido conectivo trabajando como red distribuida, no el músculo trabajando en solitario— la postura se sostiene con una sostenibilidad que se siente casi sin esfuerzo. Si una postura te cuesta mantener, la respuesta casi nunca es «más fuerza»: es que se está sosteniendo con la pieza equivocada del sistema.

Por qué perseguir flexibilidad, dentro del yoga, es el camino más rápido a la lesión

La flexibilidad se puede conseguir aislando una sola articulación, sin conexión fascial ni participación del resto del cuerpo. Ahí es exactamente donde se concentra la presión hasta que esa zona cede.

 

Asana no es un trabajo de flexibilidad. La flexibilidad no necesita conexión fascial: puede lograrse forzando una articulación aislada mientras el resto del cuerpo permanece pasivo, y es justo ahí donde se acumula la presión hasta que la zona cede. Los datos lo confirman a escala poblacional: una encuesta nacional (Cramer et al., 2019, BMC Complementary Medicine and Therapies) documentó efectos adversos reales reportados por practicantes de yoga, y una revisión sistemática mostró que casi dos tercios de las lesiones musculoesqueléticas por yoga se concentran en las extremidades inferiores — justo donde se fuerza el rango en busca de la postura vistosa.

 

Injuries and another adverse events associated with yoga practice: A systematic review of epidemiological studies

Preguntas frecuentes

¿La hiperlaxitud es peligrosa en el yoga?

Puede serlo si no se entrena con conciencia. La hipermovilidad articular reduce la propiocepción — la capacidad de sentir dónde está la articulación en su rango extremo — lo que aumenta el riesgo de lesión si se sigue buscando más rango en vez de más control.

 

¿Cómo sé si mi flexibilidad es sana o es hipermovilidad de riesgo?

La diferencia clave es el control, no el rango. Una articulación sana puede sostener su posición final activamente, con la musculatura y la fascia trabajando en conjunto. Si el rango se alcanza pero no se puede sostener con control, o la sensación es de «colgar» de la articulación, es una señal de alerta.

 

¿Qué es la conexión fascial en yoga?

Es la capacidad del cuerpo de sostener una postura como una unidad estructural, distribuyendo la carga por la red de tejido conectivo, en vez de concentrarla en una sola articulación o grupo muscular aislado.

 

¿Por qué mi profesor de yoga no debería felicitar solo la postura más «bonita»?

Porque celebrar públicamente el rango extremo, sin distinguir si viene de trabajo real o de hipermovilidad previa, refuerza en el alumno hiperlaxo la idea de que forzar más es progreso, y en el alumno de movilidad normal la idea de que nunca alcanzará ese nivel — ninguna de las dos cosas es cierta.

 

Pedro Arce dirige AIYA, Instituto de Yoga y Ayurveda, en Madrid. Es profesor de yoga y estudia desde hace años la relación entre práctica corporal, biomecánica, fascia y artes marciales internas, integrando su experiencia en yoga y prácticas marciales con el estudio de la organización corporal.

 

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