La mayor satisfacción como profesor de yoga

Las  mayores satisfacciones como profesor de yoga no me las han dado  las masterclass en convenciones de yoga. Ni las invitaciones, ni los viajes al extranjero.

Existen dos momentos claves para mi como profesor de yoga. Ambos deliciosos y diferentes, y por los que realmente merece la pena todo el esfuerzo y dedicación que supone dirigir una formación de yoga.
Queridos alumnos, uno es vuestro comienzo. Los primeros días cuando llegáis al yoga. Momentos en los que sois como esponjas. Con esa actitud tan fresca, tan de principiante, en la que todo tiene cabida y para la que cada paso es una sorpresa. Con esa mezcla extraña entre expectativa curiosa y ligera desconfianza, como es normal, ante lo desconocido. Sin embargo, os dejáis llevar de la mano como niños por un zoo, deslumbrados por los  nuevos sonidos y formas de animales, a la vez que precavidos. Ese momento de entrega es inolvidable.

Satisfacción como profesor de yoga

Luego pasan los meses o los años, y aquellas fieras misteriosas se convierten en conocidas. Ahora el reto se convierte en aprender a domarlas, a entenderlas y convivir con ellas. Tiempo jalonado de duro estudio y práctica. Los nombres en sánscrito, la anatomía, los pranayamas, las alineaciones de las asanas…y como en toda relación, esta pasa por momentos altos y bajos, pero aquellos que perseveran acaban triunfando. Triunfo en el que no existen medallas, ni primeras posiciones, sino un premio invisible y silencioso que consiste en ir abriéndose a la profundidad de la práctica de yoga. Más bien dejar que vaya penetrando en uno. Una práctica que va nutriendo y alineando a partes iguales. Que va forjando un nucleo flexible y estable. Y se transforma en el sustento diario para alimentar una serenidad finalmente duradera.
El segundo momento que me fascina es cuando empezáis a dar clase como profesores de yoga. Es un punto crítico en el  que aparece el vértigo de los primeros vuelos en solitario. La responsabilidad , el miedo al fracaso. Y volvéis a conectar con la humildad suficiente para entrar en la magia. Hemos viajado juntos pero ahora es vuestro momento. Y es sagrado. Ya sois profesores y aunque no lo creáis, estáis preparados. Algunos de vosotros pedís ayuda, sugerencias. Sobre las secuencias y ritmos. Acerca del nivel de vuestros alumnos y cómo estructurar la clase. Pensáis que necesitáis más información sobre estos puntos, pero no es cierto. Lo único que necesitáis es confianza en vosotros mismos. Y para eso es necesario el guía, para dar confianza. Es la hora de poner en practica todo lo aprendido. Es el momento  de transmitir aquello que habéis cultivado dentro, vuestro fuego interno.
La semana pasada dos alumnos en diferentes situaciones, me dieron las gracias por haberlos orientado en sus primeras clases.
Una de ellas me decía: “Pedro , acabo de dar la primera clase y van a repetir. Gracias por tus consejos. Hace un año nunca hubiera pensado hacer esto!”
Queridos alumnos, ya estáis preparados. Lo sé pues os he visto llegar, y he estado con vosotros mientras os habéis formado. Os conozco bien, juntos hemos fortalecido puntos débiles y afianzado vuestras virtudes. Pero hay algo que desconocéis. Y es lo emocionante que es formar parte de vuestro crecimiento y progreso.
Me dais las gracias, pero soy yo el agradecido. Gracias a vosotros por permitirme ser parte de vuestro camino.

Namaste

Pedro.

Con cariño dedicado a todos aquellos alumnos que tienen la humildad para aprender y sorprenderse ante lo desconocido.

Asociación Internacional de Yoga y Ayurveda